Pintura fauvista a óleo de Henri Matisse, representando uma cena de dança com figuras femininas em tons de azul e verde pastel.
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La Danza - Henri Matisse

La Danza - Henri Matisse

A

Arthur

Curaduría Histórica

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La Danza es, sin duda, una de las obras cumbres del maestro francés Henri Matisse y, sin más, la más célebre de este gigante que osó revolucionar la Historia del Arte.

Junto a Pablo Picasso y Marcel Duchamp, Matisse se alza como uno de los tres genios más innovadores y audaces del siglo XX. Su huella en las artes visuales, sobre todo en la pintura, fue un torbellino de evolución. 'La Danza' es, sin paliativos, la prueba más fehaciente.

Matisse nos legó dos versiones de esta pintura. La primera, de 1909, reside en el MOMA, un borrador, quizás, para la majestuosa obra definitiva que hoy descansa en Rusia. El encargo provino del magnate ruso Sergei Shchukin, un ferviente admirador de su arte y de otras luminarias como Paul Cézanne, Claude Monet, Paul Gauguin y, por supuesto, de los impresionistas.

La Danza. Henri Matisse. 1909 y 1910 respectivamente

La Danza. Henri Matisse. 1909 y 1910, respectivamente

El propio maestro desveló la génesis de su creación: “El primer pilar de la construcción fue el ritmo. El segundo, la vasta superficie del color, el azul. El tercero, el tono verde oscuro. Siguiendo estos dictados, las figuras podían ser rojas, para alcanzar una armonía luminosa.” (HENRI MATISSE)

Como el incesante girar de un reloj, en sentido horario, Henri Matisse concibió La Danza. Cuerpos que se funden, cada figura adoptando una postura singular. Los rostros, velados, salvo el de un bailarín, empujan al espectador a completar el enigma, a proyectar ese rostro único en el resto de la danza. Una ilusión magistral para evocar la velocidad rítmica, el frenesí del movimiento.

Pero la historia esconde un giro insólito:

Hoy, cuesta creer que una de las obras más reproducidas, un icono que atraviesa segmentos inimaginables, una de las piedras angulares de la Historia del Arte, fuera tan vilipendiada. En su debut, en el Salón de Otoño, la crítica, implacable, la tildó de “cacofonía demoníaca”.

La Danza. Henri Matisse. 1910. Óleo sobre Lienzo (260x391cm) – Museo del Hermitage, San Petersburgo - Rusia

La Danza. Henri Matisse. 1910. Óleo sobre Lienzo (260x391cm) – Museo del Hermitage, San Petersburgo -  Rusia

En 1931, el médico y filántropo Albert Barnes, un verdadero mecenas del arte, comisionó a Matisse para crear un mural monumental. Su destino: el corredor principal de su galería, ya poblada por genios como Vincent van Gogh y Paul Cézanne. Matisse, con su ingenio habitual, ideó una maqueta de papel recortado, permitiéndole reconfigurar la composición una y otra vez. Pero he aquí la sorpresa: la obra final resultó minúscula para el espacio. ¿Un error de medición? Lejos de rendirse o añadir un mero borde, Matisse, con audacia, decidió rehacer la pieza completa. ¿El resultado? Una composición vibrante, donde los cuerpos danzan, saltan con una energía desbordante a través de un espacio abstracto de rosas y azules.

La Danza. Henri Matisse. 1932 - Ubicación: Fundación Barnes (Merion, Pensilvania)

La Danza. Henri Matisse. 1932 - Ubicación: Fundación Barnes (Merion, Pensilvania)

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